Ayer por la tarde, en uno de esos momentos perdidos que tiene una para relajarse, hice lo que hace tiempo que no hacia; encender la televisión. Estuve un rato zapeando de un canal a otro y acabé por apagarla al darme cuenta que el canal de noticias CNN+ se había convertido en ¡un gran hermano 24 horas!. Entonces me hice la pregunta; ¿Qué ha pasado con la televisión? ¿Donde han quedado los principios de ese modelo de televisión pública europea que tenia como objetivo poner al alcance de todos los ciudadanos la información porque se consideraba un derecho? ¿Ahora preferimos ver como cuatro mentecatos sin educación se rascan la tripa, comen, duermen y defecan?
Si miramos hoy la tele, con lo que en su mayoría nos encontramos es con productos de entretenimiento lejos de poder aportar algún tipo de información útil para la sociedad, y no me refiero a las series americanas que no hacen más que repetirse, sino a esos programas, más bien de expediente X, donde unos cuantos se dedican a jugar al “y tu más” donde no existe la educación ni la cordura y mucho menos algún tipo de realidad.
¿Qué nos ha pasado? Y esa es la pregunta correcta, ¿Qué nos ha pasado para consumir tales productos basura? Ya no nos interesa un buen documental sobre tribus perdidas, pero si aquel programa en el que un grupo de occidentales intenta “sobrevivir” entre indios a los que los visten de payasos, ya no nos interesa la historia de los que un día habitaron también este mundo pero si aquellos programas donde mujeres hombres y viceversa montan numeritos y se tiran los trastos a la cabeza, ya no nos interesa si quiera ni los intentos de debates políticos, aunque eso sea otro punto a parte.
Pero existe una televisión pública que pueda aportarnos algo más, un canal de noticias 24h, un canal cultural como es la dos, un canal que emite reportajes de actualidad, series de creación propia, informativos desligados a relación viciosa con la publicidad…pero esto no lo consumimos, no tanto como los programas vacíos de contenidos que enganchan a la audiencia. Y ahí viene la primera parte de un peligroso proceso; el nivel de audiencia. La aparición en los años 90 de las televisiones privadas en España realmente fue un logro para la libertad de expresión pero ha desembocado en otra cosa, sólo empresas con animo de lucro a las que no les importa hinchar a la sociedad de “fast food informativa” con tal de conseguir audiencia. Lo que podría haber sido un ámbito competitivo que luchara por una información y unos productos socio-culturales cada vez mejores ha llegado finalmente a ser la carrera entre unas cuantas empresas que viven pendientes de los números y con ello se ha creado una burbuja de estupidez informativa, pero la culpa no es de las empresas, la culpa es puramente nuestra.
Esta situación ha cambiado el significado de la televisión y su principal objetivo, podríamos haber hecho de ella una herramienta cultural, una herramienta de información y sin embargo nos hemos dedicado a distraer a la sociedad con programas banales y lo peor; nos hemos dedicado a consumirlos. ¿Y donde esta la clave para estos consumos culturales saturados en grasas? en la educación, no nos educan en medios, como si sucede en Finlandia por ejemplo. Bajo mi punto de vista es aquí donde se produce el fallo y no tanto en la calidad de la televisión pública. Puede haber una muy buena televisión pública o puede que no pero sino la consumimos es como si no existiera, sea buena o mala.
Dejo este debate abierto, y reitero preguntas para la reflexión ¿Qué pasa con la televisión? ¿ Es esto libertad de expresión? ¿Es libertad informativa?
Dejo este debate abierto, y reitero preguntas para la reflexión ¿Qué pasa con la televisión? ¿ Es esto libertad de expresión? ¿Es libertad informativa?
Elena Plaza Balseiro





