Las Conferencias de París y el Tratado de
Versalles fueron aparentemente la única solución posible después de la I Guerra
Mundial. Y sin embargo, las decisiones que se tomaron en aquella resolución
llevaron a Europa a una segunda guerra. Corría entonces el 1919, y las potencias
vencedoras se reunieron para imponer condiciones a los países que consideraban perdedores.
Alemania, sobre todo, fue castigada duramente bajo la mirada atenta e
instigadora de Francia, se le nombró suma responsable, se le excluyó de las
conferencias y se le sancionó de acuerdo a estas premisas. Curiosamente,
Alemania no se consideraba vencida, todas
los países involucrados habían firmado un armisticio para invocar la
paz, y a su entender, la rendición había sido un acuerdo mutuo de dirigentes
fatigados. Sin embargo, los Aliados
aprovecharon la situación para subordinar y controlar la Gran Alemania.
Sanciones territoriales (Alsacia, Lorena, el pasadizo polonés, la unión con
Prusia…), militares ( ejército de máximo 100.000 hombres), económicas (indemnizaciones
de guerra; Alemania producía para pagar sus deudas…); no era de extrañar que se sintiera profundamente
humillada.
¿Cómo acabó un país de la gran cultura
europea del siglo XIX, cuna de Beethoven y de Goethe, en manos de un grupúsculo de extrema
derecha casi irrelevante en 1920? Esta humillación tiene mucho que ver al
respecto con el ascenso del nazismo en Alemania, un país en crisis de todas las
índoles, dónde los nazis propusieron acciones concretas, se negaron a asumir
las exigencias de Versalles, recuperaron el discurso antisemita conectando así
con la derecha más tradicional; se presentó como la única fuerza con capacidad
suficiente para frenar el comunismo; y la única sin fracturas internas, como
sucedía en ese momento con la izquierda social comunista.
Esta historia, la sabemos todos. Una fuerza sin legitimidad social empezó a
ganar terreno como principal grupo político
hasta que después de la desestabilización política de las elecciones de 1930 (tras el estallido de
la crisis en Nueva York), Hitler toma el poder de Alemania, que se vuelve cuando
en mi 1934 el ejército alemán juró fidelidad al líder.

Hitler habló de cómo la vía electoral no excluye la violencia
política. La Red contra la Violencia Antirracista ha documentado que entre enero
y septiembre ha habido 87 episodios de violencia contra extranjeros, sobre todo
en Atenas y en lugares públicos. Los miembros del partido han negado la autoría
de los ataques, pero este colectivo no ha sido el único que denuncia estas
agresiones. El director de la obra de
teatro Corpus Christi , en la que Jesús
y los apóstoles se presentan como homosexuales, también ha denunciado amenazas.
Una protesta violenta organizada por un grupo fundamentalista cristiano y apoyada
por miembros del partido, intentó boicotear una representación en junio. Ya son
7 actores los que han renunciado a representar la obra. Además, el periódico
inglés The Guardian denunció como 15
anarquistas detenidos por enfrentamientos con miembros de Aurora Dorada habían sido torturados en comisaría por
agentes simpatizantes con el movimiento. Lo
peor, desde el partido han afirmado que un 50% de la policía les apoya.
20 años pasaron desde la firma del Tratado de
Versalles hasta el comienzo de la II Guerra Mundial en 1939. 20 años que la extrema
derecha aprovechó para instaurar su poder en las esferas más altas. Una extrema
derecha violenta, intolerante, sin valores democráticos y sin respeto a los
derechos humanos. Se nos azota casi diariamente con recortes, con desahucios,
con paro, con aumentos de impuestos…. y además, no se escuchan las protestas
pacíficas de los ciudadanos. Caldo de cultivo peligroso: cuando se pierde toda
la fe, todos los proyectos de futuro, el hogar, toda la esperanza; los grupos fascistas se
presentan como la única alternativa y con la legitimidad de un pueblo
desgastado, roen hasta las entrañas más recónditas de la democracia. Dejémonos
de recortes. En esta Conferencia de París del siglo XXI, sólo unas cuantas
potencias están invitadas. Las vencedoras, las que lo han hecho bien y no han
vivido por encima de sus posibilidades; las que han arrojado toda su mierda
encima de la nuestra y encima, nos hacen responsables. La historia no sirve de nada si no se aprende
de ella. Volver la vista atrás es bueno
a veces, mirar hacia delante es vivir sin temor. (♪♫♪♫)
Mónica García
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